El vehículo de la ONG World Central Kitchen destrozado tras el ataque de Israel.  

                                                       MOHAMMED SABER / EFE


 JUAN ANTONIO SANZ

Israel ha perdido ya toda contención en su carrera de destrucción y desprecio del derecho humanitario y la seguridad internacionales. A la reciente masacre del hospital Al Shifa, en el norte de Gaza, añade ahora el asesinato de siete trabajadores humanitarios en la Franja, cuatro de ellos extranjeros, y el mortífero ataque contra el consulado iraní en Damasco, cuyas consecuencias pueden ser devastadoras para la frágil estabilidad de Oriente Medio.

Todo ello enmarcado en el aniquilamiento de casi 33.000 personas, la mayor parte mujeres y niños, en seis meses de venganza contra los palestinos de Gaza por la acción terrorista cometida por las milicias de Hamás el pasado 7 de octubre en territorio israelí, que dejó 1.200 muertos.

En este medio año han perecido por el fuego israelí casi 200 empleados palestinos de ONG y de la propia ONU, además de un centenar de periodistas también palestinos que cubrían la guerra. Sin embargo, el asesinato de los siete trabajadores de la ONG World Central Kitchen (WCK), marca un hito en la “Demencia” de Israel y lanza un claro mensaje. El Gobierno de Benjamin Netanyahu no quiere en Gaza testigos de los crímenes de guerra israelíes y apuesta por una escalada en la tensión en Oriente Medio para que Estados Unidos intervenga, y le permita erradicar cualquier esperanza de crear un Estado palestino e imponga una "pax judía" en la región.

 


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