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¿Qué significa esta fecha en la historia de la Iglesia, y cuál es su práctica en la actualidad?
A las 12 pm cuando a la medianoche del
martes de carnaval, cesan los
tambores y se colocan los disfraces en la cesta de la ropa para lavar y guardar
hasta el próximo carnaval, se da
paso inmediato a la Cuaresma, periodo de reflexión en el catolicismo que precede a la Semana Santa, máxima
celebración religiosa que conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.
Para ir ambientando este tiempo litúrgico su
Santidad Francisco dio a conocer su mensaje:
Mensaje del Santo Padre
“A través del desierto Dios nos guía a
la libertad.”
Queridos hermanos y hermanas:
Cuando
nuestro Dios se revela, comunica la libertad: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te
hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2). Así se
abre el Decálogo dado a Moisés en el monte Sinaí. El pueblo sabe bien de qué
éxodo habla Dios; la experiencia de la esclavitud todavía está impresa en su
carne. Recibe las diez palabras de la alianza en el desierto como camino hacia
la libertad. Nosotros las llamamos “mandamientos”, subrayando la fuerza del
amor con el que Dios educa a su pueblo. La llamada a la libertad es, en efecto,
una llamada vigorosa. No se agota en un acontecimiento único, porque madura
durante el camino. Del mismo modo que Israel en el desierto lleva todavía a
Egipto dentro de sí ―en efecto, a menudo echa de menos el pasado y murmura
contra el cielo y contra Moisés―, también hoy el pueblo de Dios lleva dentro de
sí ataduras opresoras que debe decidirse a abandonar. Nos damos cuenta de ello
cuando nos falta esperanza y vagamos por la vida como en un páramo desolado,
sin una tierra prometida hacia la cual encaminarnos juntos. La Cuaresma es el
tiempo de gracia en el que el desierto vuelve a ser ―como anuncia el profeta
Oseas― el lugar del primer amor (cf. Os 2,16-17). Dios
educa a su pueblo para que abandone sus esclavitudes y experimente el
paso de la muerte a la vida. Como un esposo nos atrae nuevamente hacia sí y
susurra palabras de amor a nuestros corazones.
Y termina así;
En la medida en que
esta Cuaresma sea de conversión, entonces, la humanidad extraviada sentirá un
estremecimiento de creatividad; el destello de una nueva esperanza.
Quisiera decirles, como a los jóvenes que encontré en Lisboa el verano pasado:
«Busquen y arriesguen, busquen y arriesguen. En este momento histórico los
desafíos son enormes, los quejidos dolorosos —estamos viviendo una tercera
guerra mundial a pedacitos—, pero abrazamos el riesgo de pensar que no estamos
en una agonía, sino en un parto; no en el final, sino al comienzo de un gran
espectáculo. Y hace falta coraje para pensar esto» (Discurso a los universitarios, 3 agosto
2023). Es la valentía de la conversión, de salir de la esclavitud. La fe y la
caridad llevan de la mano a esta pequeña esperanza. Le enseñan a caminar y, al
mismo tiempo, es ella la que las arrastra hacia adelante.[1]
Los bendigo a todos y a vuestro camino
cuaresmal.
Las cenizas son impuestas en la frente,
haciendo la señal de la cruz con ellas mientras el ministro dice las palabras
bíblicas: “Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás”, o
“Conviértete y cree en el Evangelio”.
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